CATEDRAL DE IZAMAL, YUCATÁN

Es una ciudad sagrada desde sus comienzos, tal vez milenarios. Es la unión de Itzamná en donde según la tradición, está enterrado el sumo sacerdote de los mayas. La antigua ciudad tenía cuatro grandes pirámides, la principal sobresale en la planicie yucateca, como la mayor del estado. Pertenece a la ruta de las cometidas de la Península. La ciudad en sí es la que conserva una mayor unidad estilística y un acentuado sabor de grandeza en la península. Sus viviendas son de extraordinarios paramentos con amplias ventanas enrejadas y puertas verticales.

Toda la localidad está pintada de amarillo ocre, color que la favorece en las puestas de sol. Al llegar al liceo se desplaza imperante un gran monumento: el conjunto conventual erigido por fray Diego de Landa, franciscano, en el siglo Xvi. Es una de los monasterios más grandes de México, se alza sobre una gran plataforma, pues fue construido sobre una gran pirámide demolida para aprovechar su sillería.

El atrio se encuentra absolutamente emportalado, uniendo estos ambulatorios sus cuatro capillas posas. Al frente tenemos la catedral, la capilla abierta tapiada y el convento. Lo que en realidad impresiona es el ámbito: los muros laterales almenados y el muro testero con el camarín apoyados por toda una sucesión de contrafuertes y arcos botareles. Esto le da una impresión medieval como quizá no tengamos otro ejemplo fuera de Yuriria. La iglesia en su interior es comparativamente irrelevante, sobre todo por lo que se espera al conocer el exterior. Su gran arquitecto fue fray Juan de Mérida por los años de 1553-1561. Ahí se venera a Nuestra Señora de Izamal, que es la patrona de Yucatán.

Sabemos que para 1558, siendo cuidador fray Diego de Landa, el famoso y lagrimoso autor del Auto de Fe de Maní -en donde se quemaron los códices mayas-, mandó realizar en Guatemala dos Inmaculadas, una para Izamal y otra para Mérida, por lo que les llamaron “las dos hermanas”. La representación de Izamal se hizo conocida por sus milagros, como el hacerse pesada cuando se la quisieron llevar a Valladolid, pero sobre todo por los recorridos que realizó a Mérida, liberándola de epidemias y plagas de langosta.

Pero el 16 de abril de 1829 un destructor incendio acabó con la figura, por lo que la sociedad entera pidió a doña María Narcisa de la Cámara que donara a su “hermana” la Virgen gemela que tenía en su poder. Esta, que fue coronada por los reyes de España, fue llevada en procesión solemne y a pie desde Mérida. Desgraciadamente los piadosos retoques que en cada solemnidad se le han hecho, ha extraviado esta calidad tan bien ganada por la escultura guatemalteca.

 

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